dimarts, 13 setembre de 2011

Esparta y Atenas


Esparta y Atenas, son sin duda las dos ciudades hegemónicas en la Grecia clásica, con un modelo de organización social totalmente diferenciado. Mientras la democracia habitualmente rigió los destinos de Atenas, volcada en el comercio y las artes, en Esparta se mantuvo una sociedad oligárquica encabezada por una clase dominante guerrera.

Esparta encabezó la guerra contra los persas, hasta que Atenas la sucedió en el liderazgo del mundo panhelénico en su lucha por la liberación de las ciudades griegas en Asia. Finalmente se enzarzaron en una contienda, la Guerra del Peloponeso, de la que salió vencedora Esparta, recuperando su hegemonía durante treinta años hasta la batalla de Leuctra en el año 371 a.C., en la que perdió su liderazgo.



Realidad urbanística de Atenas y Esparta

Las dos ciudades que nos ocupan mantenían notorias diferencias en cuanto a su estructura urbanística, debido con toda probabilidad a su diferente organización política y, sobre todo, a su distinto nivel cultural. Veamos cómo se desarrollaron las dos polis:

·         Esparta mantuvo durante siglos un régimen de gobierno compuesto por dos reyes. Cada uno de ellos limitaba el poder del otro. Por otra parte los ciudadanos espartanos recibían del Estado una granja y la mano de obra necesaria para trabajarla, por lo que su única ocupación era la preparación para la guerra. Para conseguir dicha preparación vivían en una especie de cuarteles donde recibían toda la educación necesaria para convertirse en buenos guerreros. No cultivaban las ciencias, ni realizaban esculturas, ni escribían historias, y su arquitectura era muy reducida. Ni siquiera amurallaron su ciudad, en una muestra de su poderío militar. No existía un núcleo urbano concentrado sino que la ciudad estaba constituida por una colección de pequeñas villas agrupadas en torno a la Acrópolis, con edificios carentes de toda muestra de monumentalidad, hechos que explican la afirmación de Tucídides, en el sentido de que a la vista de una ciudad destruida en que solo quedaran en pie sus santuarios y la estructura de sus edificaciones, nadie podría imaginar el verdadero poder de Esparta.

·         Atenas, en cambio, tras una época de dominio de la oligarquía tiránica, dio paso gradualmente a una forma de democracia. Contaba con una clase comercial e industrial que influyó notablemente en su evolución política, y atrajo a un gran número de extranjeros que contribuyeron enormemente a su preeminencia intelectual. Su desarrollo urbanístico se produjo de forma desordenada; la mayoría de sus calles eran estrechas y retorcidas, con la excepción de los barrios acomodados, donde se encontraban las viviendas y las calles más amplias. La Acrópolis dominaba toda la ciudad, y bajo ella crecían los barrios de los artesanos. El tercer elemento de la vida urbana de Atenas, era el centro económico, político y social, compuesto de grandes plazas públicas adornadas con numerosas columnas. Éste centro estaba dividido en dos mitades por una gran calle que lo atravesaba diagonalmente: en la mitad occidental se encontraban toda una serie de edificaciones suntuosas de gran monumentalidad, y en la mitad oriental se situaba el mercado, con innumerables tiendas instaladas a la sombra de plataneros que las protegían del sol.

La belleza monumental de la Acrópolis destacaba por encima del resto, con innumerables templos consagrados a las deidades griegas, algunos de los cuales se han conservado hasta nuestros días.



Potencia de Esparta

Los espartanos, como hemos comentado anteriormente, no tenían otra ocupación que prepararse para la guerra, gracias a su liberación de todo tipo de trabajo. Eran entrenados militarmente desde su infancia, convirtiéndose en los soldados más disciplinados y temidos de Grecia. Tras una serie de guerras por la supremacía en el Peloponeso, Esparta se convirtió a comienzos del siglo V a.C. en la indiscutible potencia líder y ostentó la hegemonía en la Liga del Peloponeso, alianza entre estados como la misma Esparta, Argos, Corinto o Elis, de forma que controlaba férreamente a sus aliados. Sólo la propia Esparta tenía derecho a convocar un encuentro de la Liga, y sus decisiones no eran vinculantes para Esparta, que podía hacer caso omiso de ellas.

Esparta lideró a todo el mundo griego en su lucha contra el invasor persa, protagonizando grandes gestas como la de la batalla de las Termópilas (aunque el vencedor de esta batalla fue el emperador persa Jerjes), dónde 300 espartanos al frente de no más de 2.000 soldados aliados, frenaron el avance del ejército persa compuesto por más de 200.000 efectivos (aunque Herodoto lo cifra en varios millones de soldados). Sólo la traición de un griego, que mostró un paso alternativo a Jerjes para rodear a los espartanos y acabar con ellos, permitió a las tropas persas seguir con su avance, pero el tiempo que perdieron allí, permitió a las tropas griegas organizar su defensa y posteriormente derrotar a los invasores en la batalla de Platea por tierra y en la de Salamina por mar, destruyendo las aspiraciones persas de dominar la Hélade.



Posteriormente, las fricciones entre los espartanos y la ciudad de Atenas, desencadenaron la Guerra del Peloponeso, de la que salió vencedora Esparta, consiguiendo así la hegemonía en toda Grecia. Sin embargo, las pérdidas ocasionadas en su ejército y su mentalidad conservadora, acabaron provocando la ruptura con sus aliados, y el enfrentamiento con ellos, hasta la definitiva batalla de Leuctra, que supuso su derrota ante las fuerzas de Tebas, y el final de la hegemonía espartana.



Relación entre poder y desarrollo urbanístico

El desarrollo urbanístico de las ciudades griegas, vino marcado por la visión de la sociedad que mantuvieron sus dirigentes. Hemos visto como Esparta, más preocupada por la formación militar de sus ciudadanos que por el desarrollo artístico e intelectual de los mismos, tuvo una urbanización mínima que se limitó a conjuntos de pequeñas villas que rodeaban de forma anárquica la Acrópolis de la ciudad. En cambio, el desarrollo comercial y artesanal ateniense, y, sobre todo, su gran preeminencia artística y cultural derivó en una organización urbanística, de gran suntuosidad y monumentalismo, aunque algo desordenada, que alcanzó su cénit con la reconstrucción de Atenas tras su destrucción por parte de los ejércitos persas.

La sensación de poder que transmiten una y otra es bien diferente, pues se suele asociar desarrollo urbanístico con desarrollo humano, aunque hemos visto que no tiene por qué ser así en todas las facetas.

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